Fotofobia o sensibilidad a la luz

Más de una vez hemos experimentado sensibilidad a la luz durante los cambios bruscos de iluminación, por ejemplo al salir de un recinto oscuro a otro a pleno sol. Sin embargo, existen condiciones oculares o de salud que pueden provocar una mayor sensibilidad a la luz, llegando incluso a imposibilitar el llevar una vida normal.

La fotofobia es la molestia ocular que se produce ante una iluminación excesiva, y como respuesta a ella, lagrimeamos, nuestros ojos se vuelven rojos  incluso nos mareamos, sentimos nauseas y nos duele la cabeza. Las personas con ojos claros notan una mayor sensibilidad, que las de ojos oscuros, ya que contienen menos pigmentos para protegerlos de una iluminación fuerte. La fotofobia no es una enfermedad sino un síntoma de muchos trastornos. Es frecuente en personas albinas o que sufren de conjuntivitis, queratitis, uveítis, glaucoma agudo de ángulo cerrado e iritis, otras causas comunes de fotofobia son las abrasiones u erosiones traumáticas en córnea y la meningitis. La sensibilidad a la luz o fotofobia también se asocia con el desprendimiento de retina, quemaduras de sol y quienes están en periodo postoperatorio tras una intervención ocular.

Se ha detectado que ciertos medicamentos pueden provocar mayor sensibilidad a la luz, como la belladona, furosemida, quinina, tetraciclina y doxiciclina, en estos casos debemos pedir a nuestro médico interrumpir o reemplazar el fármaco. Si somos sensibles por naturaleza, debemos evitar la luz solar en las horas donde es más fuerte, utilizar sombreros y gafas de sol con protección UV cuando se esté al aire libre, así como considerar utilizar gafas con cristales fotocromáticos, que se oscurezcan o aclaren en función de la cantidad de luz que haya en cada momento. 

Para la luz solar brillante, gafas de sol polarizadas, que nos brindan una protección adicional contra los reflejos de luz que crean resplandores en el agua, la nieve, el asfalto y otras superficies reflexivas. En casos extremos podemos valorar el uso de lentes de contacto protésicas especialmente coloreadas para que luzcan como sus propios ojos y a su vez pueden reducir la cantidad de luz que ingresa a nuestros ojos dándonos una mayor comodidad.

Es recomendable que acudas a un especialista para determinar la causa que provoca la fotofobia, y así poder asignarte un tratamiento adecuado para dar solución a la patología que la origina.

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